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A través de los pensamientos.

Carretera y Manta.

Viviendo pero a veces muero por dentro, toda la vida aguantando las mismas historias.

Una a una hasta lo que pueden sus memorias.

Hundidos en lo mismo, apuntando más al centro con artimañas y gritos,

malas palabras da igual, no se enteran los niños son pequeñitos.

Pasan los años cuando sales ves, que no era tan profundo el hoyo.

En que en ti me apoyo, practicando el desapego, el desapoyo, no hacemos nada tirando la vida por el arroyo.

Marcando el pasado, en cajones guardado, perfumo, consumo del abrumo, mientras mis alas desplumo en mis noches de humo.

 Ojos rojos, pero pocos me parecen, las heridas no se curan, crecen, con sin nadas que no apuran.

Pasado que pesa, presa, prisionera era cuando cogí carretera, que la manta ya estaba en mi cabeza.

Solo sé que la indomable fue domable, el acero se volvió oxidable, las turbulencias hicieron del cable algo no estable. Aguantando  lo inaguantable. Bebí de la fuente no potable y esa noche llovía tanto que deje de ser impermeable.

 Salí del cuerpo y solo estaba la mente, mirando el cielo buscando el ente, que fomente la superación de esta impaciente.

Cuando  vi, nos miramos fijamente, oliendo tu pelo se me olvida ser decente,  y casi ferviente me vuelvo demente me besas la frente caliente, aprovecho el invierno, muerte por morder la ardiente la que no olvida ni perdona la que nunca se arrepiente.

Ya no estoy clavada en esas cruces, a otra vida me induces, dices que los llorones sean los sauces.

Brillas como el sol eres mucho más de lo que reluces, pienso en si huyes  en si se apagan las luces, que será de lo consciente, inconsciente de lo que pasa por la mente.

Que será de los recuerdos apilados, que será de eso en la oscuridad, que será de las noches de los días, los sueños,  de lo que hacías, donde se quedará la felicidad.

Que será de lo que nunca sabremos si nuestros cuerpos ya están muertos, y mi boca un desierto y lo prenso en este futuro incierto.

Seremos como dioses en lo alto de la pirámide, como el ojo que todo lo ve.

Me marcho secando la escarcha del campo, limpio de anticipos mis prototipos mentales, fenotipos y alma fuera del cuerpo para dejar de ser animales,

 y para otros dejarles nuestro tiempo perdido, a contratiempo al lecho de tus latidos.

 

Carretera y Manta.

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